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La niña Aristegui

20 abril, 2015

Soy Juan Sin Miedo, y deseo ver a vuestro Rey. Quizá me permita entrar en su castillo y sentir eso a lo que llaman miedo”.

 

Carmen sonrió al leer el párrafo de uno de sus cuentos favoritos. Carmen siempre se había distinguido por ser valiente y aventurera, no le tenía miedo al dentista, ni a las inyecciones y mucho menos a la obscuridad de su cuarto cada vez que su mamá se despedía por las noches con un beso en la frente y apagaba la luz de su lamparita de noche.

 

Ella tan solo tenía 6 años y estaba convencida que en la vida existían dos tipos de personas:

Quienes vivían el cuento que les habían contado…

Y quienes escribían su propio cuento.

Ella estaba segura que era de las segundas.

 

Claro que nadie puede vivir sin miedo. El miedo, como el resto de las emociones, no es ni positivo ni negativo, puede ser funcional y así es cuando atendemos su mensaje y dejamos que nos guíe, no que nos gobierne.

 

Estaba en su salón de clases, cuando la maestra de segundo de primaria les preguntó a los niños que es lo que querían ser de grandes, cada uno de los niños fue explicando lo que deseaba ser, Pablo dijo que quería ser Bombero, Saúl Policía, Martha Médico, Rocío Mamá, y cuando llegó el turno de Carmen dijo que lo que ella quería, era decir, pensar, sentir y hacer cosas que la hicieran feliz, instantáneamente sus compañeros aplaudieron y ella sonrío.

 

Carmen como todos los niños de su edad confió siempre en lo que sus padres le decían:

 

Que la luna era un gran queso que alguien se iba comiendo poco a poco y que, no sabía por qué, la seguía allá donde iba.

 

… que el sueño lo traía un niño con un saco lleno de arena que iba vertiendo en sus ojos hasta que los párpados se cerraban con tantísimo peso.

… que el Ratoncito Pérez le daba dinero a cambio de dientes.

… que los restos de los lápices de colores se transformaban en hermosas y coloridas mariposas si los tenías una noche metidos en una bolsa de plástico o en un bote de cristal.

… que encontrar una Catarina daba buena suerte.

… que si te mirabas durante mucho rato en un espejo, acabarías viendo al mismísimo diablo.

… que tirar un trozo de pan era algo que estaba muy pero que muy mal y que se lo chupaba el diablo.

… que si te tragabas una semilla de cualquier fruta te podía crecer un árbol en el estómago.

… que si lo que te tragabas era un chicle, se te pegarían las tripas.

… que sus muñecas jugaban mientras ella dormía.

… que tenía un ángel de la guarda siempre, siempre vigilante.

… que en el entonces lejano año 2000 los coches volarían y todos vestiríamos trajes ajustados e iríamos de excursión a la Luna.

… que los Reyes Magos la vigilaban por un agujerito.

… que la lavadora tenía vida propia.

… que los truenos se debían a dos posibles motivos:

1. O Dios estaba muy, pero que muy enojado o bien

2. estaba jugando al boliche o algo parecido…

 

… que las nubes eran de algodón.

 

Así pasaban sus días, cuando era los últimos días de sexto de primaria, todos los niños habían salido en la fotografíade fin de curso y la maestra estaba tratando de persuadir a cada uno de comprar una copia de la fotografía del grupo.

 

Imagínense qué bonito será cuando ya sean todos grandes y digan: allí está Silvita, es abogada; o también ese es Miguelito, ahora es doctor. Entonces Carmen con su voz de niña dijo, – Y allí está la maestra. Ya murió.

 

Su honestidad la llevó a ser señalada como irreverente, pero a Carmen nunca le gustaron los chantajes. Ella jugaba y reía, lloraba y brincaba como cualquier niña. Pero muy claro siempre tuvo, ser ella misma.

 

Con los años aprendió, que todo aquello que sabía de niña, ahora ya de mayor constituiría lo que muchos saben ya.

 

Que los sueños y la esperanza nunca se olvidan.

 

Y mientras los que añoramos que regrese aquella niña, nos leemos muy pronto.

 

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Un ángel con cola

4 marzo, 2015

Cuando el cielo tiene demasiadas alas, buscan ángeles con cola.

La vida no espera, no avisa, ni se hace tu amiga.
La vida es un juego, con una partida.
Nos trata de tú, nos grita y nos mima.
Nos reta, nos pone un exámen al día.
La vida es lo único que manda en la vida.
La vida no es tuya, ni tuya ni mía.

La vida es la vida, nos pone y nos quita.

La vida no es tuya, ni tuya ni mía.

La vida es la vida, nos pone y nos quita.

Hacia el cielo de los perros, se fue mi ángel plateado, anda que te anda, las orejas hacia abajo y el hociquito de escarcha …Para ti corazón de oro, para ti ojos de ámbar, tú tus orejas de nieve, tú, tus colmillos de escarcha, tú…mi querida Vilma linda, mi perrita de plata! …Ahora ya sé, por que está la noche agujereada, ¿estrellas? , ¿luceros? ¡ No ! es mi perra que cuando anda, con sus patitas va haciendo, agujeritos de plata…

Ahora estás con tus dos grandes amores y yo siempre, siempre te recordaré.

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Si tuviera que quererte más…

2 septiembre, 2014

Si tuviera que quererte más, lo haría solo por la inocencia con que tu risa se manifiesta, despojada de todos los clichés, lejos de la de todos los que se armaron una que los signifique a sí mismos, lo haría por la paz que transita por cada una de tus arterias, por tus ojos negros profundos pero transparentes guardándolo todo, por la exigua probabilidad con que tu gracia intenta caerme graciosa, por el inmenso ímpetu que te motiva, por la certeza de tus impulsos, por la manera de tus manos, por la velocidad con que tus actos más impunes arrancan mi mas grande sonrisa.

Si tuviera que quererte más, lo haría por la liviandad que adquiere el tiempo cuando estamos juntos, por la alegría que te genera vivenciar adentro tuyo el milagro de la música, por la ausencia de juicios en cada una de tus determinaciones, por la simpleza de tus gestos, por las pausas que abundan en tu habla, por tu cabello que vuela con el viento, por la ternura lejana de tu voz pidiéndome igual un chocolate o un beso.

Porque si tuviera que quererte más, lo haría por el aceleramiento que se produce en el tráfico de esa sustancia viscosa y roja que alguien se empecinó en llamar sangre por dentro de todos los conductos que comprenden mi anatomía, desde el más estrecho hasta al más vasto, cuando tu boca dice mi nombre.

Acaso ya sepas (todo) y mientras esta gota de agua que se dirigió a mi labio superior te encuentres planificando una estrategia infalible para volver hacerme sentir la mujer más afortunada. O en cambio estés diagramando el plan garantizado para que yo tenga que quererte aún más. Acaso en el misterio que te define estén todas las respuestas. 

Un año más a tu lado, y el resto de mi vida solo es, para quererte más.

8 años de ser la chica con suerte de tu vida.

 

Para Bruno.

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Ser Mujer

31 marzo, 2014

Ser una mujer es casi siempre inevitablemente
una condición
de urgencia.
y acá conviene dejar un espacio

de nuevo para que se entienda
he dicho que
ser mujer es casi siempre inevitablemente
una condición
de urgencia.
Y por más que te rebeles no vas a dejar de ser
una concreta vagina dominada por conductos nerviosos
y tus deslices, voces y dobleces
esa tropa de enanos
disputádose el reinado de la psiquis
Esa mujer que cuando no lee pinta y cuando no pinta cose y cuando no cose actúa y cuando no actúa escribe y cuando no escribe posa y todo para sublimar
y de vez en cuando se compra un vestido un par de zapatitos fervorosos y una pulserita de hilo rojo,
se toma un trago de aire por la nariz
(que no necesariamente implica respirar)
y al tiempo algo le recuerda que tiene un diafragma
como un puf
y se desinfla
y se precipita y cae por su propio peso
y despotrica
y se esmera
y palpa su cuerpo
y lo desnuda
y resuelve
una vez más desnudarse
(negándole a la conciencia el goce de desnudarse para otros)
y las lastiman
y las empapan con miradas lasivas
y les acarician el cabello
y les rompen las medias
y las escupen
y las miran de abajo a arriba
y les piden que sean intensas
pero que no griten
y que no se repitan
suspendo
dejo un último espacio

porque estas líneas conviene leerlas con de te ni mien to

las manos huyen
persuadidas
imperiosas
se suicidan de los brazos
y como dardos
corren
al abordaje de la arena
el sacro se divorcia del coxis
y en esa liberación
protesta una verdad

yo soy lo que soy
(algunos días como hoy me arde llevarme puesta)

y así desquicidada
solo preciso
de ti y de mí
(en exacta medida)
un poco de amor

(como todos)

Pero tú me lo das, siempre…y eso es bueno.

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Yo y mi risa

31 marzo, 2014

Hoy me reí un montón de veces. Sola. Jugar conmigo es de lo más lindo. Estar suelta también. Que no siempre implica ser libre. Estos días me estoy haciendo íntima amiga de mí. Y dándome cuenta después de un largo tiempo que la soledad es mi estado de permanencia. Soy ermitaña. Desde chiquita. La gente sólo por un rato. Y aprendiendo a reconocer que es mío y que no. Y a dar por sentada mi locura. Sin lugar a dudas soy un accidente geográfico. Y en eso estoy. Atravesando mis valles. Yéndome por las pendientes. Trazando las perspectivas de mis canales. Midiendo extensiones y márgenes. Extraviándome. Y encontrando razones.  Haciendo pozitos. Dibujandome pájaros y gotas entre los ríos que comprenden los dedos de mis pies. Juntando los picos que andan dando volteretas por los costados. Emparejando las partes torcidas de mis oasis. Nadando. Relojeándome. Por momentos hasta me creo que soy una artesana de caminos bastante simpática y tengo un talento para la risa. Así, con mi espejo circular soy esto que soy.

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Mi desayuno

31 marzo, 2014

Mi desayuno

Vamos por los 62 kilos… ya casi

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Liberar

31 marzo, 2014
Necesito con urgencia liberar espacio. Los cuencos donde se sumergen mis ojos, ese hueco lo quiero vacío. El surco ancho debajo de la lengua. Las grietas donde empiezan a dibujarse los labios. Las ranuras ínfimas a los costados de la nariz. Toda la cavidad laberíntica de mis orejas. Cada desliz. Paralelas, oblicuas. Los hoyos donde se insertan cada una de las raíces de mi cabello. Y más hondo. Las sepulturas de mis huesos. Las fosas que trazan los pómulos. Los vértices donde se unen los maxilares. Necesito toda la superficie de mi rostro llana. Que exista un mecanismo a través del cual lo viejo dé paso a lo nuevo sin siquiera
 
 
tener que derramar
 
 
un espacio liso para que se perpetúen allí los esbozos de todos los millones disímiles sentires. Necesito bajar de un manotazo (con furia) la pila que forman uno sobre otro y otro sobre uno desafiando a lo alto el cielorazo del corazón. Que los acontecimientos sean por una vez
 
efímeros 
 
y que soltar
 
deje de ser un verbo y sea una acción
 
Que se revele una vez en la superficie de mi rostro la radiografía de mi corazón. Que no haya que tomar el cuerpo de prepo para meterlo adentro de un vagón de tren. Que no haya que darse cuenta. Ni darse vuelta. Que no haya monte detrás. Ni calles con grietas por donde se filtre el pasado. Y que no haya. Necesito que haya nada.
 
Empezar a escribir en hoja limpia
 
siempre de nuevo
 
desde el principio
 
y que haya espacio
 
libre.
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